Y pude darme a ese amor, sin reparos a perder.
jueves, 13 de febrero de 2020
Lo que retumba mi mente
Fue en la tarde cuando empecé a quererte. Salía a la calle con una sonrisa en el rostro después de recordar todo lo conversado y como un flashback, así, algo fugaz, Melgar me decía que yo ya no era dueña de mi, sino del amor mismo.
lunes, 10 de febrero de 2020
Sin deudas
Hoy mi noche se viste de ansiedad,
Pero que pecado he cometido
de lóbregos recuerdos, de oscuros miedos..
Pero que pecado he cometido
más que amar a quien yo quería?
Yo ame, y lo amé, sabes...
No solo lo pude ver como anhelante deseo
No solo lo pude ver como anhelante deseo
sino que también sentí su piel,
saboreé sus labios y el me impregnó de ásperas caricias también,
tuve su cuerpo desde el primer momento que los dos lo quisimos,
sin ataduras, sin compromisos,
conocí su calor,
me refresque en su aliento
y gocé de sus palabras
y por corto espacio se alojó en mi corazón
y yo en el suyo.
No me juzgues por amar, cariño,
no es un pecado querer con ansias..
recuerda que querer lo prohibido gana más
y en mi la llama estaba encendida.
Bien lo sabes que a ti pude entregar mi amor en su momento
pero que las cosas no bien encaminadas llevan al fracaso.
-Émile-
sábado, 8 de febrero de 2020
Alma Desnuda
Alma desnuda que angustiada y sola
Va dejando sus pétalos dispersos.
Alma que puede ser una amapola,
Que puede ser un lirio, una violeta,
Un peñasco, una selva y una ola.
Alma que como el viento vaga inquieta
Y ruge cuando está sobre los mares,
Y duerme dulcemente en una grieta.
Alma que adora sobre sus altares,
Dioses que no se bajan a cegarla;
Alma que no conoce valladares.
Alma que fuera fácil dominarla
Con sólo un corazón que se partiera
Para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
Dice al invierno que demora: vuelve,
Caiga tu nieve sobre la pradera.
Alma que cuando nieva se disuelve
En tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
Alma que a ratos suelta mariposas
A campo abierto, sin fijar distancia,
Y les dice: libad sobre las cosas.
Alma que ha de morir de una fragancia
De un suspiro, de un verso en que se ruega,
Sin perder, a poderlo, su elegancia.
Alma que nada sabe y todo niega
Y negando lo bueno el bien propicia
Porque es negando como más se entrega.
Alma que suele haber como delicia
Palpar las almas, despreciar la huella,
Y sentir en la mano una caricia.
Alma que siempre disconforme de ella,
Como los vientos vaga, corre y gira;
Alma que sangra y sin cesar delira
Por ser el buque en marcha de la estrella.
-Alfonsina Storni-
viernes, 24 de enero de 2020
Frente al mar
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.
-Alfonsina Storni-
martes, 14 de enero de 2020
El amor que calla
Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!
Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.
Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!
Gabriela Mistral
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