Una gata parió varios gatitos,
uno blanco, uno negro, otro manchado;
luego que ellos quedaron huerfanitos
los perseguía un perro endemoniado;
y para dar el golpe a su enemigo
no había más remedio que juntarse,
y que la dulce unión fuese su abrigo.
Van pues a reunirse, y al tratarse
sobre quién de ellos deba ser cabeza,
maullando el blanco dijo: «A mí me toca
por mi blancura, indicio de nobleza».
El negro contestó: «Calla la boca;
el más diestro y valiente mandar debe».
«Malo», dijo el manchado, «si esto dura
temo que todo el Diablo se lo lleve.
Unión y mande el digno». «Esto es locura»,
gritó el blanco; y el negro le replica.
Se dividen por fin en dos partidos;
la ira y la turbación se multiplican,
se arañan, gritan, y a sus alaridos
acude mi buen perro y los destroza.
Si a los gatos al fin no parecemos,
paisanos ¿esperamos otra cosa?
¿Tendremos libertad? Ya lo veremos...
-Mariano Melgar
Hoy, ayer y mañana, hoy, en este instante,
en el punto inmóvil donde todo y nada sucede,
para purificar el dialecto de la tribu
colocando cada palabra en su lugar,
habla la poesía, habla poco, cumpliendo
su obligación, y sin que nadie la invente,
esparza o desordene, evidencia el orden
y desorden de la vida, orden y desorden y furor.
Y para que la tribu quede contenta
usa palabras del lenguaje de hoy
pues las palabras del año pasado
pertenecen al lenguaje del año pasado
y la palabras del próximo año
esperan otra voz. Y en el punto inmóvil
donde todo y nada sucede, esa voz es esta voz.
-Marco Martos
No podía dejar de amarla porque el olvido no existe
y la memoria es modificación, de manera que sin querer
amaba las distintas formas bajo las cuales ella aparecía
en sucesivas transformaciones y tenía nostalgia de todos los lugares
en los cuales jamás habíamos estado, y la deseaba en los parques
donde nunca la deseé y moría de reminiscencias por las cosas
que ya no conoceríamos y eran tan violentas e inolvidables
como las pocas cosas que habíamos conocido.
Cristina Peri Rossi