viernes, 24 de enero de 2020

Frente al mar


Oh mar, enorme mar, corazón fiero
De ritmo desigual, corazón malo,
Yo soy más blanda que ese pobre palo
Que se pudre en tus ondas prisionero.

Oh mar, dame tu cólera tremenda,
Yo me pasé la vida perdonando,
Porque entendía, mar, yo me fui dando:
«Piedad, piedad para el que más ofenda».

Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de rosa.

¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
Me falta el aire y donde falta quedo,
Quisiera no entender, pero no puedo:
Es la vulgaridad que me envenena.

Me empobrecí porque entender abruma,
Me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.

Mar, yo soñaba ser como tú eres,
Allá en las tardes que la vida mía
Bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.

Mírame aquí, pequeña, miserable,
Todo dolor me vence, todo sueño;
Mar, dame, dame el inefable empeño
De tornarme soberbia, inalcanzable.

Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh, tempestad! ¡Oh enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
Y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.

Y el alma mía es como el mar, es eso,
Ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
Pequeña vida que dolor provoca,
¡Que pueda libertarme de su peso!

Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
Debió ser una arteria incontenible
Y apenas es cicatriz que siempre duele.


-Alfonsina Storni-

martes, 14 de enero de 2020

El amor que calla

Si yo te odiara, mi odio te daría
en las palabras, rotundo y seguro;
¡pero te amo y mi amor no se confía
a este hablar de los hombres tan oscuro!

Tú lo quisieras vuelto un alarido,
y viene de tan hondo que ha deshecho
su quemante raudal, desfallecido,
antes de la garganta, antes del pecho.

Estoy lo mismo que estanque colmado
y te parezco un surtidor inerte.
¡Todo por mi callar atribulado
que es más atroz que entrar en la muerte!


Gabriela Mistral

martes, 7 de enero de 2020

Patria Pobre

Yo conocí en mi patria sólo rostros vacíos,
hombres de mirada prematuramente cana,
balnearios de hueso
donde antes de tiempo veraneaba la muerte.
Yo sólo recuerdo ojos en la niebla
Así era mi padre:
un hombre que miraba la lejanía
como si él mismo estuviera por venir;
así son los que en mí caminan cuando duermo,
así son los hombres, las cárceles, los pueblos.
Yo no conocía el rostro de mi patria.
Tuvo que caérseme el corazón a un pozo;
tuve que verla con su cartel de ciego en los suburbios,
tuve que oírla llorar de miedo en las prisiones,
para comprender que la patria
era quien me dolía bajo tanto dolor.
Porque no es cierto que en mi patria
crezca una flor de espuma inmóvil,
no es cierto que el crepúsculo
coma en la mano azul de las muchachas.
Yo sólo vi pueblos ojerosos,
sementeras de gritos,
gemidos tan grandes
que ni por las calles más largas podían pasar.
Yo no tengo tardes fulgurantes
ni muchachas risueñas de amor.
Yo apenas recuerdo un país tan pobre,
que ni en el ocaso da sombra.


Manuel Scorza

Todo esto es mi país

Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce;
mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial
de razas y mitos que fermentan;
mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras,
de muchedumbres quejumbrosas y altas sobre heladas;
mi país es un corazón clavado a martillazos,
un bosque impenetrable donde la luz se precipita
desde las copas de los árboles y las montañas inertes;
mi país es una espuma, un aire, un torrente, un declive florido,
un jardín metálico, longevo, hirviente, que vibra
bajo soles eternos que densos nubarrones atormentan;
mi país es una fiesta de ebrios, un fragor de batalla, una guerra civil,
un silencioso páramo cuyos frutos son jugosos,
un banquete de hambres, un templo de ceremonias crueles,
un plato vacío tendido hacia la nada,
un parque con niños, con guitarras, con fuegos,
un crepúsculo infinito, una habitación abandonada, un angustiado grito,
un vado apacible en el cual se celebra la vida;
mi país es un sepulcro en medio de la primavera,
una extraña silueta que abruma con su brillo la soledad,
un anciano que camina lentamente, un ácido que horada los ojos,
un estrépito que apaga todas las músicas terrenales,
un alud de placeres, un relámpago destructor, un arrepentimiento sin culpa.
un sueño de oro, un despertar de cieno, una vigilia torva,
un día de pesar y otro de risa que la memoria confunde,
un tejido de lujo, una desnudez impúdica, una impaciente eternidad;
mi país es un recuerdo y una premonición, un pasado inexorable
y un porvenir de olas, resurrecciones, caídas y festines;
mi país es mi temor, tu ira, la voracidad de aquel,
la miseria del otro, la defección de muchos, la saciedad de unos cuantos,
las cadenas y la libertad, el horror y la esperanza, el infortunio y la victoria,
la sangre que fluye por las calles hasta chocar con el horizonte
y de ahí retorna como una resaca sin fin;
mi país es la mujer que amo y el amigo que abrazo tan sólo por amigo,
el extraño que te sorprende con su odio y el que te da la mano porque quiere;
mi país es la ventana a través de la cual miro la tarde,
la tarde que cae con sus ramos de melancolía en mi pecho,
y el agua matinal con que limpio mis pupilas de imágenes sucias,
el aire que respiro al salir de mi casa cada día,
y la gente que se precipita conmigo a los quehaceres sin sentido,
el trabajo, la fatiga, la enfermedad, la locura, el pensamiento,
la prisa, la desconfianza, el ocio, el café, los libros, las maldiciones;
mi país es la generosa mesa de mi casa y los rostros familiares
donde contemplo la marea incansable de mi dicha,
el cigarrillo que consumo como una fe que se renueva
y el perro cuya piel es cálida como su amistad; mi país son los mendigos y los ricos, el alcohol y la sed,
la aventura de existir y el orden en que elijo mis sacrificios;
mi país es cárcel, hospital, hotel, y almacén, hogar, arsenal;
mi país es hacienda, sembrío, cosecha;
mi país es escasez, sequía, inundación;
mi país es terremoto, lluvia, huracán;
mi país es vegetal, mineral, animal;
mi país es flexible, rígido, fluido:
mi país es líquido, sólido, inestable;
mi país es republicano, aristocrático, perpetuo;
mi país es una cuna, tumba, lecho nupcial;
mi país es indio, blanco, mestizo:
mi país es dorado, opaco, luminoso;
mi país es amable, hosco, indiferente;
mi país es azúcar, tungsteno, algodón;
mi país es plata, nieve, arena;
mi país es rudo, delicado, débil y vigoroso, angelical y demoníaco;
mi país es torpe y perfecto;
mi país es enorme y pequeño;
mi país es claro y oscuro;
mi país es cierto e ilusorio;
mi país es agresivo y pacífico;
mi país es campana,
mi país es torre,
mi país es isla,
mi país es arca,
mi país es luto,
mi país es escándalo,
mi país es desesperación,
es crisis, escuela, redención, ímpetu, crimen,
y lumbre, choque, cataclismo,
y llaga, renunciación, aurora,
y gloria, fracaso, olvido;
mi país es tuyo,
mi país es mío,
mi país es de todos,
mi país es de nadie, no nos pertenece, es nuestro, nos lo quitan,
tómalo, átalo, estréchalo contra tu pecho, clávatelo como un puñal,
que te devore, hazlo sufrir, castígalo y bésalo en la frente,
como a tu hijo, como a un padre, como a alguien cansado que acaba de nacer,
porque mi país es,
simple, pura e infinitamente es,
y el amor canta y llora, ahora lo comprendo, cuando ha alcanzado lo imposible.



Sebastián Salazar Bondy

martes, 24 de diciembre de 2019

Lo que soy

Soy quien encierra en su pecho amores de fantasía y canciones en la memoria,
liviana, ligera con la vida, 
despreocupada obsesiva con el destino
en el agrietado camino.
Que no te cuenten otras versiones que 
hasta yo desconozco pues bien sabes que poco
es la importancia que le considero pertinente.

Que suelo soñar despierta por las calles, yo vagabunda, es cierto
Que he planeado la derroca del gobierno, ¡en mi mente pasa esto!
Que me ocurren deja vu que me hacen sentir mucho mayor
Que creo en el poder de la naturaleza, de los apus y el verso
Que quedarme en casa a salir ¡prefiero a veces eso!
Que los domingos evito la ducha si no hay un compromiso previo
Que no uso brasier en casa ni en invierno
Que el pisco acholado es mi amor secreto
Que camino conectada al desvencijado walkman coreando fuerte los versos
Que trato de imitar la voz y los gestos del cantante
Que me miro al espejo de vez en cuando haciendo gestos
O que me tomo fotos con las mismas muecas y en todos los diseños
Que me paro en medio de la calle para observar una avecilla, un árbol o un perro
Que recargo mi brazo en la mesa a lo Vallejo
Que recito por las calles mis poemas preferidos
Que el francés lo hablo a media lengua aunque nadie me entienda
Que mis energías se renuevan por las noches y se acaban en el día
Que cada vez que voy al mar recito los versos de Mistral
Que he intentado esos mismos versos convertirlos en canción 
Que adoro demasiado el chocolate
Que no sé mentir y mis gestos me delatan
Que prefiero la ropa cómoda y sencilla a un ajustado corset de galería
Que no sé nadar pero el mar lo siento mía
Que Alejandro o Joaquín son los nombres que para mí hijo quiero
Que tengo para el baile tradicional y moderno dos pies izquierdos
Que fracasé con la guitarra pero mis ansias de aprender otro instrumento están intactas
Que cuando me siento alegre, canto con el alma aunque mi voz no me agrada
Que me sonrojo cuando no sé que decir
Que he llorado con películas animadas
Que repito una y otra vez, por semanas, la canción que me tiene embobada
Que cocino como mi madre al ritmo de la música
Que tengo mala mano al arreglar los imperfectos en la casa
Que he llorado en secreto en la cama
Que me resiento algunas veces y busco represalia pero soy muy mala en ese juego
Que creía en el dios católico pero el sufrimiento propio y ajeno me hizo desistir 
Que sueño con ganarme la lotería y comprar esa casa que en sueños veía
Que de vez en cuando cuento chistes y gasto bromas a mis amigos
Que mi paz está en escuchar una buena canción y mirar las nubes en el cielo
Que fotografío árboles a medio nacer o a medio morir porque significan un nuevo comienzo
Que arrastro a mi perro por el césped por las patas delanteras
Que lo cargo, así pesara treinta kilos y lo tranquilizo con "für Elise" en sus angustias
Que por la calle voy tocando guitarra o batería imaginaria
Que traer el pelo alborotado en el viento no me desagrada
Que tengo varias fotos con animales que en la calle he hallado
Que quiero escalar el Huaytapallana, el Alpamayo y el Huascarán
Que hay canciones que llevo como himnos de libertad
Que a veces camino durmiendo bajo esos lentes negros
Que los rostros los confundo y a veces ni los recuerdo
Que para reconocer a alguien necesito tocarlo y ver de cerca cada mínima expresión
Que me gusta la soledad pero también una buena compañía
Que quisiera ser biblioteca andante o erudita
Que le cuento mis secretos a mi perro y que lo llevo al parque cuando me acuerdo
Que todavía equilibro mis pasos en aceras delgadas
Que me río con los niños y juego con ellos
Que a la gente mayor a veces no tolero
Que hasta en mis malos momentos trato de hacer reír a los que más quiero para dejar su preocupación en el viento
Que en la selva, por un momento, perderme deseo
Que cuando cansada sigo sonriendo o
Que no sé qué hacer en las fotos que aparezco
Que quisiera aprender de todo para no necesitar al resto
Que amo Suiza y sus monumentos
Que me asustan las alturas, el ratón y el desaliento
Que no me llevo con los gatos, ¡no los tolero! y que con mi perro los perseguimos por todos los senderos
Que a veces hago cosas sin pensar y me lo dicen mis amigos sin enmascarar
Que tengo guardado mi primera cana en un cuaderno y estatuillas o piedras de recuerdo
Que de niña he soñado llegar rápidamente a ser muy mayor y ahora no lo quiero
Que me irrito muchas veces aunque motivo no tengo
Que con afán me sobo la panza para tener centímetros menos 
Que el ejercicio no me ha funcionado ni regular los alimentos
Que he soñado que alguien me escriba un poema, una carta o un texto
Que me he escapado y he viajado en secreto
Que también me persignaba cuando recogía del suelo una migaja dizque para que no acabe muerto
Que he amado con locura, a escondidas y en secreto
Que la fuerza me abandona por las mañanas y me desconsuela el desacierto
Que me han dicho hippie en más de una ocasión por la holgada versión que manejo..


Lo que soy, así es como soy.