domingo, 21 de julio de 2019

Flashbacks #7

#7

Casualidades de encontrarte

Quién sabe si lo que llaman destino existe en verdad, que lo que se dice en novelas de corte romántico pueda ocurrir en la vida real, quizá solo fue una ilusión efímera y posiblemente recreada por la a veces engañosa mente.
Pero apareciste ahí. Llegaste tarde a clase, corriendo y algo sorprendido frente a nuestras miradas atentas a la profesora de francés.
Era una figura alta y delgada, de cabello algo ondulado.
Recuerdo que vestías de negro y llevabas una gorra que ordenaba tu cabello, que hasta entonces no sabía que no peinabas. Yo te vi llegar y sólo atiné a ver el reloj para confirmar tu tardanza.
Te sentaste al último, como definiendo un estereotipo de esos chicos que poco interés le toman a la clase.

Hora de empezar la primera página de nuestro libro de lecciones y habías olvidado el tuyo. Lo que sucedió después fue una suerte de aquellas que no tengo, la suerte de haberte conocido.
Para ese entonces yo era una chica bastante tímida y es que en realidad no sabía hacer amigos y no era de mi interés ya que tenía mi música lo cual era suficiente para mí.
Nos juntamos de pronto para iniciar la típica conversación de cuando uno aprende idiomas: el hola y el cómo te llamas. Sólo me había fijado en tu cabello hasta ese momento, pero no entiendo cómo pude haber obviado tus ojos, esos ojos negros que se tatuaron en mi mente. Hasta el momento era todo hasta que vi tu sonrisa, tan dulce que hacían brillar tus ojos. Algo se conectó entre los dos que nos reíamos cuando hacíamos ese diálogo. Supe tu nombre, qué estudiabas y tu tan tonta excusa de cuando llegabas tarde. A ti te gustaron mis zapatillas rojas que hasta querías intercambiarlas y creo que de eso nos reíamos, los dos encerrados en una irrealidad que ignorábamos a lo demás.

De ahí no nos separamos.

Íbamos juntos a desayunar, queríamos comprarnos esa hamburguesa de plástico que exhibían en la panadería de la esquina, nos quedábamos juntos a ver desde la ventana de nuestro salón a esos autos que estaban estacionados en la calle o jugábamos a vernos por las ventanas cuando tu ocupabas el que estaba al lado, o jugábamos con nuestros dedos para ver quien presionaba más rápido el pulgar, a veces te ibas con otros amigos y por mi parte hacía lo mismo, pero en algún momento del día volvíamos a vernos, ya sea en las ventanas preguntándome que escuchaba o cuando caminábamos por la calle y nos sonreíamos cómplices de una magia que se creaba entre los dos, pero nada fue dicho, ni de tu parte ni la mía.

Una vez en plena clase me enviaste una nota, donde dijiste que me querías y yo te respondí con uno igual aunque sonrrojada al entregarte la respuesta. Nos esperamos como lo hacíamos usualmente pero no hablamos del tema y éramos felices así.

Hicimos muchos más amigos juntos y casi al terminar el periodo de clase, se les ocurrió la gran idea de hacer una reunión a la que me pediste entusiasmado que fuera, pero yo sabía bien que eso no era lo mío y sólo dejé un quizá en el aire.

Lunes nuevamente y estábamos en semana de exámenes, yo ya no iba a continuar porque empezaba el internado de mi carrera y fue entonces donde todo cambió para los dos de la noche a la mañana. Ese día ni tu ni yo nos acercamos, quien sabe por qué, te fuiste por tu lado mientras que yo me quedaba por la ventana, sin apetito, viendo hacia ese almacén de autos. Solo vi que una sombra se dirigía a mi pero algo lo detuvo y cuando voltee pude comprobar tu presencia detenida por quien sabe qué.
Una amiga que regresaba se acercó a mi y me contó algo que para ese entonces me fue muy extraño, se acercó y con cierto tino logró contarme que mi amigo de la magia y una chica que estudiaba con nosotros se habían dado un beso y por consiguiente iniciaron una relación. Respondí a su relato con una calma que siempre me ha caracterizado pero algo dentro mío hizo un sonido, quizá de ruptura, aunque fue algo ligero. Yo lo quería, y seguro que mucho pero como una ilusión, nada se dijo entre nosotros y no había reclamo o por qué cambiar. Ahí empecé a comprender por qué se alejó ese día y otros tres más de mí, hasta el punto que no nos mirábamos, a pesar de que insistía hacer contacto visual con él, sus ojos me eran esquivos y su presencia se alejó hacia el lado contrario de donde solíamos sentarnos.

El último día logramos por fin hablar. Empezado el receso me quedé en el aula escribiendo quizá algo de despedida, lo que usualmente suelo hacer cuando me siento aburrida, vi que él se fue rápido pero me percaté que su mirada se posó sobre mí y no le correspondí, habían sido cuatro días de indiferencia.

Salí a ver esos últimos carros de ese almacén y vi que por la ventana contigua me miraban tus ojos negros y te miré extrañada invitándote a acercarte y así lo hiciste. Nos juntamos nuevamente para mirar por la ventana y a pesar de que se nos acababa el tiempo nos fuimos a caminar a esa tienda como quien recogiera sus pasos. Me contaste, con una expresión de culpa, que estabas saliendo con alguien y yo te pude dar calma con mi respuesta sosegada y el mismo trato que nos teníamos. Me diste un abrazo y yo correspondí a tu calor, quizá como una despedida.

Nuestras palabras nunca expresaron nuestro amor ilusorio y platónico pero lo hacían nuestros gestos y nuestro cuerpo y ese abrazo fue la comunicación más sincera y profunda que nos unió.
Me sentía feliz de recuperar a un amigo, no estaba preparada para empezar una relación y me sentí aliviada de que no fuera yo la persona con quien él estaba.

En mi trabajo, había un títere que me recordaba a ti, por tu cabello desordenado que descubrí cuando un día te saqué la gorra que llevabas y corriste para recuperarlo, me gustaba tu cabello en ondas, ligeramente castaño pero lo que me fascinaban eran tus ojos, tus ojos negros y brillantes, tus ojos sinceros de niño que aún guardo en la memoria.

Después de todo, nos volvimos a ver pero la distancia había marcado en algo nuestra amistad. Luego de un tiempo de terminado las clases, nos encontramos en un seminario y conversamos con nuestra misma magia, pero esa fue la última vez que supe de ti, mi memoria ha borrado tu rostro pero tu mirada sigue intacta y con ello las grandes emociones que había sentido.

miércoles, 10 de julio de 2019

Me gustaría que..

Me gustaría mirar el cielo contigo, 
no importa si hay sol, o si es de noche,
mirarlo juntos y ver que todo cambia.
Recostados entre la hierba, uno al lado del otro,
formando calor entre los dos,
observando cómo las nubes tapan los ligeros rayos de sol,
viendo como la luna se descubre ante nuestros ojos,
no importa cómo, ni dónde,
sólo mirar el cielo juntos.
Sentir la brisa, respirar el aroma del césped,
arrancar partes de ella y cubrirnos,
sonreirle al cielo y mirarnos con ternura,
no exijo mucho, sólo mirar el cielo juntos
para sentirnos una parte minúscula de todo,
que cosas tan simples como eso, es majestuoso
y que el tiempo se puede detener
y llorar por esa tristeza que a veces uno no comprende,
pero verlo juntos,
que sola me desgarra el corazón.



H. H


martes, 2 de julio de 2019

Omnia transit

Hay una dedicatoria que César Vallejo, un poeta peruano, escribió para una publicación que decía "para quien entienda". No recuerdo bien cuál era el contexto.
Para quien lo entienda..
Para quien comprenda mi alma,
ese algo solitario y
de vez en cuando triste,
de vez en cuando alegre,
ilusorio,
cantante,
flotante y de ultratumba,
tengo un poema, una canción
y una cita.
Con los reveses de la vida,
de la experiencia,
de la huida,
de la valentía y la arrogancia,
de lo poco que a veces queda
está mi alma.
Allá en el horizonte
donde reposa la calma,
donde se ve la dicha
donde descansa, tal vez, el alma,
veo tus ojos,
fugaces,
ardientes
y esquivos,
fuera de mi mirada que a todos lados persigue.
Allá en ese volcán,
está mi corazón,
siempre ardiente, siempre vivo
buscando pacto a pacto
a veces herido, a veces hostigado,
a veces oprimido
que tus latidos sincronicen con el mío.
Tu rostro está en el cielo,
tu perfume en el viento,
tus manos en la tierra
tu presencia en el fuego,
mas mi alma, triste
y mi corazón ardiente
pueden sentirte
y vuelven a sentirte
y vuelve tu presencia
a vivir dentro mío.
(...)
Trate de alejarme de tu presencia, de tu recuerdo, de tu voz, pero siempre que estoy a solas te recuerdo mucho más. ¿Cómo es que alguien puede domar un corazón, que siempre ha estado terco a cualquier realidad? ¿Cómo es que se consigue tranquilizar aquel latido que por mucho tiempo estuvo prendido a tu imagen?
La idea aún queda abierta debido a que no hay respuesta...

lunes, 24 de junio de 2019

Despertar primero

El hombre es egoísta.
Es conciente que la naturaleza es sabia, que es divina, que es sagrada. Ha intentado imitarla desde hace mucho tiempo pero sabe que con ella no puede competir. Construyó edificios para imitar montañas, tala árboles para crear refugios o materiales para ser más sofisticados dejando sin hogar y recursos a muchos animales que dependen de ella, crea trajes para tener la capacidad de estar bajo el agua imitando a los peces, aviones para imitar al vuelo de las aves y ver la majestuosidad del cielo.

El hombre busca imitar o superar a la naturaleza, pero sabe que no puede con ella y por eso la lastima, extrayendo de ella hasta lo que no necesita ya que la avaricia por ser más gana en su alma.

¿Donde quedó el respeto a la Pachamama, la adoración al sol, a la luna, a los apus?
Se ha perdido con el tiempo, nuestra identidad se ha perdido con el tiempo y la memoria borra todo lo que ya no usa.

En este tiempo de superficialidad, nos estamos convirtiendo en imagen homogénea,: la mayoría de mujeres tienen el mismo rostro, la misma nariz, la misma mirada, las mismas cejas, la misma cintura, las mismas caderas, los mismos sueños... Acaso como apelación a la igualdad o como parte de la moda, del maquillaje, del vestir, del ser...
No es historia distinta con los varones, quienes acoplandose y no quedando atrás, porque no sería estar en onda y sería tragedia, se vuelven todos iguales en apariencia, en cortes de cabello, en imagen y en sueños. No hay nada que envidiar, ¿Verdad?

¿Y es que acaso una buena apariencia es mucho mejor que un buen corazon? ¿Qué es lo que nos llevamos de todo esto?
Como todo ser humano y como dice el dicho "errar es humano" que se ha popularizado tanto que estamos cayendo constantemente en eso, cayendo en superficialidad y consumismo, ya no reconociendo que somos parte de la naturaleza y que lo material con nosotros, en nuestro lecho de muerte, no se va.
Caray, y es que acaso la hipocresía se ha vuelto un estilo de vida. No solo hay superficialidad en el ser externo de la persona, sino también hay malicia dentro suya.
Uno a uno, hermano sin fronteras nos dañamos, nos damos la espalda y no nos reconocemos como parte de la misma especie, dejando la lealtad atrás con nuestros semejantes.
Queda así más claro que todo se ha perdido, se ha perdido desde que dejamos de valorar nuestras raíces, las no culturales sino las raíces de la naturaleza, que ella es más grande que nosotros, es más sabia, es sagrada.
El hombre es egoísta.
Somos pasajeros.
Estamos matandonos a nosotros mismos.
Somos un instante,
Somos pasajeros.

jueves, 6 de junio de 2019

Exilio


A Raúl Gustavo Aguirre

Esta manía de saberme ángel,
sin edad,
sin muerte en qué vivirme,
sin piedad por mi nombre
ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?
¿Y quién no goza entre amapolas?
¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
un miedo, algo horrible,
aunque fuere con plumas,
aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.
La sombra no muere.
Y mi amor
sólo abraza a lo que fluye
como lava del infierno:
una logia callada,
fantasmas en dulce erección,
sacerdotes de espuma,
y sobre todo ángeles,
ángeles bellos como cuchillos
que se elevan en la noche
y devastan la esperanza.



Alejandra Pizarnik