domingo, 6 de marzo de 2022

La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!


Alejandra Pizarnik

domingo, 20 de febrero de 2022

Quiero estar en tu sueño

Quiero estar en tu sueño. Ser tu sueño.
Penetrar más allá de lo que advierte
la mirada sutil. Como beleño
recorrer, galopar tu sangre inerte.

Quiero quebrar con definido empeño
toda defensa en ti: muralla, fuerte:
y adentrarme, crisálida de ensueño
más allá de tu vida y de tu muerte.

Más allá de tu piel, y más adentro
de toda sombra, y más allá del centro
desconocido, virgen, tembloroso...

Y estar dentro de ti -seguro puerto-
como un paradojal milagro cierto,
presentido a la vez que pavoroso.


Julia Prilutzky Farny

viernes, 21 de enero de 2022

Decir, hacer

A Roman Jakobson

Entre lo que veo y digo,
Entre lo que digo y callo,
Entre lo que callo y sueño,
Entre lo que sueño y olvido

La poesía.

Se desliza entre el sí y el no:
dice
lo que callo,
calla
lo que digo,
sueña
lo que olvido.

No es un decir:
es un hacer.

Es un hacer
que es un decir.

La poesía
se dice y se oye:
es real.

Y apenas digo
es real,
se disipa.

¿Así es más real?
Idea palpable,
palabra
impalpable:
la poesía
va y viene
entre lo que es
y lo que no es.

Teje reflejos
y los desteje.

La poesía
siembra ojos en las páginas
siembra palabras en los ojos.

Los ojos hablan
las palabras miran,
las miradas piensan.

Oír
los pensamientos,
ver
lo que decimos
tocar
el cuerpo
de la idea.

Los ojos
se cierran

Las palabras se abren.

Octavio Paz

domingo, 26 de diciembre de 2021

Si nunca te vuelvo a ver...

Si nunca te vuelvo a ver
siempre te llevaré conmigo;
adentro, afuera, en mis dedos,
y en los bordes del cerebro
y en centros de centros
de lo que soy y de lo que queda.


Charles Bukowski

viernes, 24 de diciembre de 2021

De una situación imaginaria actual

Pensé que sería algo tan simple como decir "adiós, me voy de aquí, tanto tiempo ansiando esto, de ser libre", pero duele si quiera pensarlo.

Pensar que alistare mis cosas en esa maleta roja, llevándome esa mochila con algunas cosas que necesitara, despreciando todo recuerdo y echando a la basura los malos momentos para construir un camino a mi manera. Ya nada volverá a ser lo mismo, eso queda claro.

Ya no habrá domingos de acostarnos en su cama hasta las ocho y contar historias pasadas, escucharlos hablar de sus anécdotas de jóvenes o hablando en quechua y adivinando o pidiendo que nos tradujeron lo que acababan de decir, ya no habrá cenas a oscuras con los cuentos de terror, de fantasmas y otros seres que solo viven en sus recuerdos. Pensar que antes detestaba su control y tan solo ahora extraño que me hagan una llamada o llegar a casa a contarles lo que hice aunque no me escucharán, al menos eso, podía escuchar sus voces y saber que estaban ahí.
Las edad les llegó como a todos, los golpeó, los sacudió o los bendijo de acuerdo a sus historias, de acuerdo a sus actos.
A mí me golpea la idea de imaginarios partir.
Me destruye la coraza y esa fortaleza que construí para que aparentara que nada me importara, para verme tan neutral o inexpresiva ante cualquier sentimiento.

En los ojos claros de mi madre olvido los malos momentos entregados y en las líneas del rostro de mi padre, las ausencias y los reproches.
De adolescente creía que estaría mejor sin ellos, que ser libre era incomunicación, apatía e indiferencia y eso fui durante mucho tiempo, siendo juzgada y otras veces comprendida, yo seguía a ciegas y oídos sordos ante lo que ellos reclamaban, evidente desafío y amargura de mi parte.


Deaf Ears
2020