lunes, 26 de agosto de 2013

"Imanes de Café" (Parte IV)


Llegue lo más tarde posible a casa tratando de olvidar todo el mal rato.

Después de ese día y esa carta todo debía seguir igual, al menos eso me propuse luego de pensarlo mucho: Trataría de ocupar el tiempo posible para no recordar ningún hecho doloroso.

Me fui de viaje con Bruno hacia su país, me invitó a conocerlo y también para acercarse con la familia que tenía por allá... que lo había dejado olvidado, desconociendo todo aquello que lo había acogido en su infancia.

Me quede por Panamá como cinco meses ya que seguiría un curso de artes plásticas, una de las materias que también me apasionaba. Además que era, después de muchos años ir hacia otro país, al otro lado del mundo.

Al llegar caminamos por la orilla de las playas que descubrían un hermoso manto azul y reflejaba el cielo con ese enorme sol que nos acompañó todo el viaje, era simplemente como ver un cristal que cambiaba de color con la luz del sol. Me gustó viajar a Panamá por esa cantidad de días así de paso trataba de buscar esos nuevos horizontes que tanto me había hablado Bruno luego de haberme escuchado decir tal palabra en la cafetería y que por cierto me lo recordaba en cada momento, sobre todo cuando veía en mi rostro una expresión de molestia con lo que al traerme ese episodio a la memoria me hacía reír.

Comenzar clases allá fue una experiencia distinta. Las personas eran mucho más cálidas y mucho más amables de las que lamentablemente yo había conocido. De esta parte tuve la suerte de conocer a una persona a la que quise pero de una manera fugaz; pero no porque yo quisiera, sino porque tuvo que ser así (de nuevo, el destino).

Se llamaba Francisco y estaba en las clases de artes plásticas. Creo que empecé a quererlo, primero como un tipo de admiración y luego con un amor un poco loco. Nunca concretamos si había una relación entre los dos, ninguno de nosotros habló de ello pero era como una especie de ‘amor sin proclamar’; es decir que no había relación formal pero sabíamos ambos que nos ‘queríamos’, al menos por algunas semanas. Tal vez, más que nada, era una ilusión que duró un mes y algunos días.

Nos conocimos en la clase cuando compartimos grupo en un trabajo de tallado. Tenía unos ojos oscuros muy hermosos que brillaban con la luz del día y sus manos que eran a la medida de las mías. Como lo dije antes, no había relación formal por la que podíamos mencionar que estábamos juntos, aunque nos comportábamos como si hubiese algo. Él tenía la costumbre –nuestra costumbre- de caminar de la mano; por lo que había una contradicción en mi, estaba entre si es lo correcto o no lo es, pero esos ojos, esos ojos al que yo lo denominé como “imanes” me atraían y hacía que esa conciencia no tenga poder sobre mi voluntad; era algo distinto realmente. Algunas ocasiones escribía en un papel o pintaba recuadros que me los dedicaba; hasta el punto que parecía sustituir los brazos de mi amado ‘gato’.

Quizá era solo de momento y fugaz, lo quería en las clases, lo quería en nuestro ambiente pero.... pero Alejandro, mi adorado Alejandro me seguía hacia donde yo iba, se asomaba en pequeños espacios que yo tenía libre o que me encontraba descansando. Era en menor tiempo que antes, su imagen y su compañía, el recuerdo y los sentimientos que en ese momento se encontraban confundidos.

Y como lo dije, así de fugaz y pasajero fue el amor hacia Francisco y nos fuimos alejando. Para esto, nuestros amigos en común, organizaron una reunión en la que yo no pude asistir porque Bruno había enfermado y debía cuidarlo. Desde ahí fue el deterioro de ese tipo de amor tan extraño, ni yo pregunté ni él me contó lo que pudo haber ocurrido; por lo que hubo una separación que ambos ya sabíamos. Parece que al iniciar la semana de clases me sorprendió con que tenía una novia, novia que recién estrenaba desde aquella fiesta... y de esto tuve que enterarme por una compañera de clases que no sé porqué me lo dijo de esa manera tan misteriosa “ya lo sabrás”; creo que ni si quiera me lo hubiera dicho porque era muy evidente en las sesiones de práctica además que el dichoso señor ni me miraba a los ojos y me evitaba totalmente. Concluí luego que era un amor voluble así que lo dejé volar y la verdad puedo decir que no ha sido tan doloroso a comparación de la historia que ustedes ya conocen.

No he sabido más de él. Terminó el curso y regresé junto con Bruno hacia Francia a seguir con los estudios y... recuerdos.

Ahora, después de ese curso de arte planeaba tantas cosas nuevas. Ya no estudiaría arte, sino algo totalmente diferente a una vida bohemia de la que ya llevaba... a mi ‘dulce’ mente se le ocurrió la gran idea de estudiar medicina.

Regresamos para navidad, fecha que le encantaba festejar a Alejandro que lo volvía como un niño y al parecer a Bruno también. Era la primera vez que la pasábamos juntos y además con su ‘familia’, con sus amigos y una pareja que lo adoptó cuando él cruzaba los 10 años.




¡Cómo ha pasado el tiempo! Han sido casi dos años desde que él se fue de mi vida a crear y formar su vida. No di respuesta a la carta que Alejandro me envió. He buscado formas de comunicarme con él, pero no me atrevía a escribirle; solo trataba que mis pensamientos, que mis deseos se hicieran presentes para su bienestar, que se cumplieran. 




Aunque un día no soporté más estar en silencio y pensé que sería saludable brotar todo aquello que sentía y pensaba, que me diera una solución a esos días en las que no dormía cuando él aparecía en mis sueños, cuando de repente se robaba mis pensamientos...y le escribí, solo que esta vez con una decisión que tuve que tomar obligatoriamente. Le había dedicado escritos anteriormente con tanta melancolía, le había escrito cartas que nunca le llegarían pero sin embargo yo seguía escribiendo, y esta es una de las que redacté cuando sentí que ya debía hacer algo con esa presión que se siente en el pecho y con ese adormecimiento de la garganta donde no podían brotar palabras....

sábado, 27 de julio de 2013

'Bruno' (Parte III)


Fui a la cafetería de siempre a tomar algo que me amargara el sabor de la boca. Mi viaje placentero a mi lugar favorito no fue el mismo, se tornó tan distinto y tan confuso. 

Esa carta me dejó un sabor a olvido.

Lo leí nuevamente para tener la idea de un adiós final, de un adiós definitivo. Quise gritar o hacer algo que me quitara este malestar pero apareció Bruno, un compañero de las clases de arte que se había convertido en un amigo muy cercano desde que retorné a estudiar. Me miró con gran sorpresa y al ver mi expresión que... ¡qué sé yo qué expresión tenía!, se sentó al frente mío y le di la carta, lo leyó muy atentamente mientras pedía dos tazas de chocolate para ‘endulzar’ el momento, así como él lo dijo. No sabía si reírme o molestarme, pero opté por la primera. Era imposible molestarme con él ahora que lo pienso, porque siempre tenía una chispa de alegría en los ojos, una sonrisa como ninguna y su risa, contagiosa y esto él lo sabía.

Bruno era natural de Panamá pero creció en Italia. Sus padres tuvieron que huir del país por un problema con el gobierno y se instalaron en Nápoles, donde creció esquivando la mala suerte y el peligro pues tuvo que vivir solo ya que sus padres fallecieron en un accidente después de cuatro años que se habían trasladado. No conozco Italia pero cuando me enseñaba las fotos de ese país pareciera que surgía un deja vu, haciendo que me agradara demasiado aquel país. Yo había ido a España, con mi adorado Alejandro, pero nos fugamos a Paris donde empezaríamos a vivir nuestra historia romanticona con experiencias únicas y felicidad inmensa; Bruno también debió estar por ahí en esos años, viajando por todo Europa como lo quiso cuando era niño y ya no volvería a Panamá, aunque me enteré la semana pasada que fue a visitar a su querida abuela.

¡Mierda!, por qué... – no pude evitar decir esa palabra que no había salido de mi boca ni de mi mente en toda mi vida, pero no aguantaba el dolor y aquella palabra se perdió entre algunas lágrimas que creí desaparecidas. Brownie, como le decía yo, me tomó de la mano y me sacó de mi casa de consuelo y lectura para cartas, aquella a la que yo llamada el café de la esquina.

No me dijo nada mientras íbamos no sé adónde o tal vez me había dicho algo, solo que yo estaba muy centrada en aquellas letras que plasmó Alejandro. 

Subimos a un auto y todo el camino permanecí pensando, pensando, recordando, amando de nuevo y odiando sus palabras, creándome cosas en la cabeza, pensando, amando, odiando, pensando... 

¿Cómo sabría él si yo aún lo seguía amando? Cómo podía creer en sus palabras si no había sido sincero conmigo...

Lo he extrañado, no he de negarlo, pero no sé si lo siga queriendo.

Bajamos cerca a una plaza y caminamos hacia la playa que escondía poco a poco al sol. Nos sentamos en la arena y me dijo: ‘Cada que tengas que pensar y tomar una decisión, hazlo frente al mar’


Esa es una de las frases que me acompaña hasta ahora y es que no había conocido esa paz que se siente cuando se camina y se piensa frente al mar, sobre todo al sentir que la brisa choca en el rostro para aclarar los pensamientos más confusos.

viernes, 12 de julio de 2013

'La leyenda del Hada y el Mago'


El viento pasaba igual que las ideas, dejando con un suspiro abrumador el conocimiento y volviendo a la memoria la historia de aquel ser que fijado el destino lo tenía.

Esta era la historia de un mago que vivía en un bosque encantado a la lejanía de la ciudad, donde el paisaje y el clima podían alegrar un alma, menos el suyo. Había un clima muy cálido por las mañanas y en las tardes esta maravilla se transformaba en tinieblas en la misma puerta de la morada del mago. En uno de esos días cuando estuvo paseando cerca de un lago parlante se echó a llorar, pues a pesar de ser un gran mago no había podido encontrar la magia más hermosa y sincera del mundo: el amor.

Paseaba por el bosque secando sus lágrimas, encontrándose con la única compañía que tenía, su única amiga que lo veía cada noche, cada vez que el sol tiñera sus colores y todo se volviera negro, esa era la luna, la que le daba día tras día fuerzas y mudas palabras de aliento para soportar el vacío y la tristeza que llevaba dentro, ya que su destino era ese porque un hechicero lo maldijo y su larga soledad se ha hecho cumplir hasta el sol de aquella tarde que pasaba por entre las espesas ramas de los árboles.

Estuvo dando algunos pasos con la cabeza baja y al sentir una presencia la mirada alzó, encontrándose con una mujer de figura pequeña que denotaba una bella sonrisa y una misteriosa expresión, era un hada del bosque con la que empezó a encontrarse cada noche en compañía de la luz de la luna y desde ese momento se enamoraron.

El hechicero malvado de esto se había enterado y desafiando al joven mago fue a encontrarlo. Atacó a los amantes y a cada uno de los que se encontraban en el pueblo menos al mago ya que por su sangre era inmune a poderes para ninfas y animales. El hechicero se posó frente a él y de un modo desafiante y burlesco le dijo:

- ¿Recuerdas la maldición que te puse cuando eras joven?

- Claro que lo recuerdo maldito, si gracias a ti no he podido ser feliz.

En esa pequeña discusión en la que se hallaban, el hada reaccionó de su sueño, el hechicero astuto en un movimiento en su lado estaba dejando atrás al mago al cual le arrojó un poder y dejó inmóvil al mago. Se llevó al hada y el mago por el hechizo solo pudo ver como poco a poco se alejaba con el amor de su vida.

En su castillo, día y noche el mago pasaba pensando la manera de volver ver a su amada, para que le devolviera su amor y su dulce mirada con las que días anteriores feliz y enamorado estaba.  

Al fin, de unos cuantos meses el mago halló a su amada, en la torre de un castillo olvidado que había ocupado el hechicero. De un solo soplo la puerta derrumbó y al castillo con ansias entró, corrió hacia el último cuarto de la torre pero en una trampa cayó, se liberó rápidamente y a su amada fue a rescatar aunque al hechicero fue a encontrar.

“Libere a mi hada, o mi vida y mi sueño arriesgaré para poder a mi hada volver a ver”. El malo de esta historia poco o nada se rió pero con una mirada seria le dijo: “Ni lo pienses, no seas estúpido. Esa hada me servirá para conquistar el mundo y si el llanto te logro sacar, pues estas destinado a llorar”, el mago de rabia y frenesí sangriento se armó. Poder por aquí, poder por allá, pero al final sólo uno podía ganar; mal herido se encontraban pero aún así el mago luchaba por su amor y el hechicero solo por diversión, hasta que el mago de un golpe propinó e hizo acabar la vida del hechicero –al menos eso pensó él- pues se retiró y en busca de su hada se marchó.

Al llegar a la celda rompió el candado y la puerta tumbó, con un beso y un abrazo el hada lo recibió pero el romance duró muy poco pues el hechicero mal herido reapareció y atacando al mago con un puñal gritó: “No te dejaré ser feliz rufián, por eso te voy a matar”, un ataque lanzó tan fuerte que al mago impactó y el hada en llanto una daga cogió y en un ojo al hechicero se la clavó. Luego corrió donde su amado y entre sus brazos sus últimas palabras pronunció:

“Hada, hermosa… yo luché por este amor pero la traición del destino no nos dejó continuar. Ya no quiero verte llorar, quiero que sonrías y recuerdes a este mago al que compañía le diste y le enseñaste lo que significa amar y que dio su vida por ti..

¿Tú darías la vida por proclamar un amor?
 
----Micoadt y Helena H.--
(Este relato fue escrito por mi amigo y yo lo ayudé con algunas cosas, era aún más largo el cuento. participamos con este escrito en un concurso- inspirado en una canción de rata blanca)

miércoles, 26 de junio de 2013

'Carta de Olvido' (Parte II)


Su aroma se me quedó en el cuerpo, su piel en mis manos. 

Recogí lo último que tenía de amor ya que él se lo llevaba todo con su partida y me quedé esperando en la misma banca, donde habíamos estado, mirando hacia la dirección en la que el tren había partido, con la esperanza de que en el último momento haya cambiado de opinión y quisiera bajarse del tren, aunque sea por la ventana…No, eso sólo ocurre en las películas donde todo está bien armado, así que no vi figura queriendo salir del tren ni algo que me avisara de su cambio de opinión; y lo único que visualicé fue la silueta del tren alejándose, pero aún así, permanecí sentada viendo al vacío. “Señorita, el tren pasa de aquí a cuatro horas”, me dijo un señor que traía un bigote muy llamativo y algo pavoroso; me paré y decidí marchar rumbo a casa.

Las calles se llenaron de silencio, situación que aproveché para meditar acerca de mi vida después de su adiós. Sé que suena algo dramático pero compartí con él muchas cosas, muchos años, muchos sueños que tenían lugar en nuestras vidas, nuestra alegría y las discusiones,...sí, algunas discusiones, todo eso era nuestro pero él ya se había marchado y qué iba a hacer yo ahora sin él, si esa casa se quedaba vacía y muda. No llegué a ninguna conclusión de cómo seguir aquí sin él porque toda la bulla de las calles se había concentrado cerca a la estación de radio y ya perturbada de mis pensamientos no tuve más que ir hacia el grupo escandaloso que parecía que se divertían mucho, y eso era lo que necesitaba. Me llamó la atención los carros de colores que estaban ahí, los cuales rodeaban a las personas y más aún que habían personas con pinturas en la cara que estaban dando un espectáculo. Claro, al igual que yo por la pintada que me había dejado Alejandro antes de partir, pero no lo quise borrar y lucí aquella figura en mi cara por todo el camino como si fuera una estrella o un galardón por algo estupendo, aunque tuve la suerte de que una niña se reía de mi, acción que pudo desaparecer por un momento el recuerdo de mi amado. 

Descansé en el café que solíamos ir. 

Todos los miércoles a las cuatro de la tarde había un lugar para nosotros en el Café L’Source, donde parábamos a hablar de poesía, de sus anécdotas en algún viaje, de los problemas y a hablar de todo un poco. Había prometido que para el miércoles siguiente me iba a recitar uno de sus más recientes escritos y yo estuve muy feliz y ansiosa de que llegara aquel día. Hoy es miércoles, aunque no precisamente las cuatro… pero hoy no habrá poema ni cafés por semanas.

Pedí un amargo expresso mientras escribía en la servilleta su nombre. Las calles se llenaban nuevamente de personas, tal vez la función de momento ya había acabado o tenían muchas cosas que hacer, por lo que decidí andar nuevamente a ver si el viento me quitaba su aroma. Y bueno pues, me equivoqué, la calle no me ayudó en nada porque cada vez que volteaba hacia un lado encontraba algo que me lo recordaba: tal vez un color, una palabra, una canción, una figura, el nombre que gritaban, todo... Era una combinación de emociones, era alegría cuando recordaba los momentos que habíamos vivido y otras de nostalgia al saber que ya no estaría más junto a mí. A pesar de eso, llegar a casa me resultó más rápido que otras veces.

Y como lo dije, la casa era un tumultuoso silencio de casa embrujada, al menos me había dejado su gato al que luego le cambié de nombre y le puse el suyo, así no estaría tan sola. La verdad es que no me agradan demasiado los gatos, me incomoda el hecho de que esos felinos se acerquen a uno y busquen la atención posible, se apeguen demasiado a las piernas y se paseen entre ellas…el ronroneo, eso era lo que no me molestaba, recuerdo que los dos ronroneábamos juntos cuando acariciábamos al chat.



¿Es posible que pueda sobrellevar esta ausencia? Eso debía hacer. Decidí, por entonces, guardar todo aquello que me lo recordara aunque fuera imposible, porque a pesar de ello él decidió irse y dejarme así, aún sabiendo que lo quería, aún sabiendo de nuestros sueños…ya no estoy segura si eran nuestros... 

No voy a negar que lo extrañé como nunca pero me fui acostumbrando a ello.

Los días pasaron y debía retomar mis clases de pintura, además empecé a inclinarme por la literatura y ensayaba algunos cuentos cortos.

Durante un tiempo decidí buscar a mis padres y conciliar con ellos. Mi amado ausente me había sacado de ese hogar a mis cortos diecisiete años, lo que le agradecí porque mi familia no era un medio por el cual había de vivir bien ni de sentirme bien. Mi padre era un hombre muy autoritario en casa y quería que las cosas se hagan a su manera, cuestión de la que yo siempre estaba en desacuerdo pues tenía otras ideas en mente, mientras que mi madre…¡Ah!, no sé cómo decirle a ella, dicen que el amor de madre es incondicional pero esa regla no era válido para mí, yo sentí su desamor, su descuido, su querer desaparecerme de la familia, ella se creía perfecta, cada cosa que ella hacía era la correcta a pesar de que afectaba a otras personas especialmente a mí, pero también era triste y lloraba en silencio, se encerraba en su pieza para esconder su dolor y cuando le hablaba para consolarla se mostraba muy distante y fría conmigo, quizá esa actitud era la coraza con la que se defendía. Creo ahora que mi madre me heredó su melancolía. 

Tenía una hermana mayor llamada Amelia, la cual me usaba de muñeca, era cruel pero no la culpo porque el ejemplo de casa era igual; en cambio mi hermano menor era de un carácter más pasivo, él era el favorito de mi madre y de mi padre, él era el consentido en todo, hasta Amelia se había dado cuenta de ello y depositaba en mí todo lo que sentía hacia él. La verdad es que no sé porqué fui a buscarlos, quizá era demasiada mi soledad que no importaba lo que me hicieran con tal de estar acompañada; además no sabía cómo iban a recibir a su hija que se escapó de casa, a la hija rebelde y revolucionaria como me habían nombrado.

Llegué a la puerta e iba dar un paso atrás cuando vi a Matías. Gritó mi nombre y me hizo entrar a casa, me sentí como una extraña cuando veía que todo ahí dentro había cambiado de lugar, algunas fotos nuevas, otros cuadros, otra sensación pero la misma conducta de mis padres hacia mí. No me había dado cuenta que mi madre bajaba por las escaleras y me miraba con cierta sorpresa y desdén, con pocas fuerzas escuché que dijo ‘Dios te ha traído de vuelta a casa’ lo que yo respondí con una sonrisa. Me dijo que mi padre había regresado al trabajo, que mi hermana se había casado y que Matías viajaría a Italia la siguiente semana por una beca de estudios. Algo había cambiado en el ambiente, se notaba más sereno y yo –a su vez-, me sentí como la plaga que había salido del hogar para que ellos hicieran su vida plena.

No duré una semana y regresé a mi casa. Desde pequeña me había acostumbrado a ser independiente y autosuficiente porque cuando nací la situación económica de mi familia no estaba bien del todo y debía empleármela como fuera posible, después las cosas surgieron de una mejor manera y obtuvieron los lujos que ellos deseaban y a pesar de todo eso siempre sentí un vacio en casa.



Pasaban –con todos estos acontecimientos- tres meses, dentro de los cuales recibí una carta de mi adorado Alejandro que decía lo siguiente:

19 Feb.,...
Querida Helena, espero que te encuentres bien de salud y con esa vivacidad que te caracteriza siempre.
Debo hacerte saber que no he podido escribirte antes por problemas que se me presentaron en un proyecto que acabo de iniciar satisfactoriamente y que me ha ido muy bien en todo este tiempo a pesar de mis deseos de regresar. No sabes cuán difícil ha sido para mí haber tomado ese tren que nos separó aquel día, lamento estar distanciado de ti y querer abrazarte lo más fuerte posible. Me queda tu aroma a vainilla en mis trajes y en tu bufanda que aún conservo con tanto amor.
El destino esta vez ha sido muy duro conmigo, desearía verte y poder estar a tu lado como antes, espero que algún día nos volvamos a ver y que nada se interponga entre nosotros, disculpa si no fui del todo sincero cuando decidí subirme al tren y despedirme de ti, lamento no poder decirte aún los motivos por el cual tuve que hacer aquello. Solo hacerte saber de mi amor y mi compañía a la distancia si necesitas algo, estaré disponible para ti cuando nuestros caminos estén destinados a reunirse nuevamente.
Me despido sabiendo que me amas de la misma forma en que yo lo hago y que tu corazón perdonará a este hombre por su ausencia. Sé que te debo un poema pero esperaré hasta el día en que nos volvamos a encontrar para hacerte saber de ello y ver tu dulce mirada y aquella hermosa sonrisa.


Siempre tuyo.


Alejandro.