martes, 10 de marzo de 2020

Hoy, que me hiciste falta

09.03.2020

A casi dos meses de tu ausencia, aún sigo extrañándote.

A veces, la gente imagina que las mascotas pueden ser reemplazadas rápidamente como quien cambia de traje, como quien compra otros platos que le parecen mejores que el anterior, con un mejor diseño, un buen material… pero tú, mi amigo, no eres alguien suplantable.

Cómo olvidar cuando en medio de una seudoguerra con una profesora te tuve entre mis brazos a pocos días de mi cumpleaños. Recuerdo que lloré cuando te llevaron y mencioné a escondidas palabras de desafío a esa persona que te apartaba de mi lado. Mas luego regresaste, todo rechoncho, lleno de leche, a medio dormir, todo calentito y te dejé en una caja de cartón en la cocina. Iba a visitarte de vez en cuando, de puntillas, tan alegre como una niña de 7 años, ni si quiera encendía la luz para no molestarte y poder verte dormir. Fuiste en ese entonces como mi hijo. Como un hijo rescatado. Entre todos los que fuimos a ayudar a tu madre que parecía estar envenenada, nos hicimos cargo de ti y tus hermanos, mientras nos agenciábamos de insumos, incluso evadiéndonos del colegio, porque no podríamos dejarlos así, tan pequeños, con casi un mes de vida y tan penoso que sería estar sin su madre; sin embargo, todo apuntaba a que iba a ir mal y te escogí a ti porque me mordiste y ladraste para espantarnos, a nosotros los extraños, y te llevé conmigo para ocupar un lugar en mi casa, pero te quedaste eterno en mi corazón.

Matthias Chocolate fue tu primer nombre. Me gustaba la idea de colocar un nombre diferente a mi nuevo perro, pero no duró mucho y se quedó con Ruffo o Ruffus o Ruffino y todas las derivaciones que a lo largo de los años solía llamarte. Veinticuatro de mayo se quedó como tu cumpleaños, a tres días de los míos y cómo no íbamos a celebrar el tuyo, mi querido amigo.

Me quiebro ante tu recuerdo, porque hoy que volví a mi rutina habitual, tu sabes, el de ir a comprar las cosas para la casa y de fugarnos al parque un rato, no se pudo concretar.

Hiciste falta cuando al terminar de alistarme para salir quise llamarte y que tu bajaras por esas escaleras, donde solíamos correr o yo me sentaba contigo a hacerte masajes o simplemente a consolarte cuando tenías miedo de los terribles sonidos de los fuegos artificiales, hiciste falta ahí, porque te esperé, esperé a que bajaras rezongando, jadeando, mirándome con esos ojos color caramelo, inquieto, llorando por las ganas de salir y poder hablarte, indicándote que deberíamos caminar tranquilos por la acera y mojándote la cabeza para que no sientas tanto el calor.


Entonces salí donde ahora descansas y lo regué un poco, ya que hoy el sol nos despertó.

viernes, 21 de febrero de 2020

Larga espera

Fuimos en la lluvia, una gota de melancolía
que caía y mojaba las verdes hojas del césped
y que a la mañana siguiente
el rocío quedaba en nuestras madrigueras.

Fuimos viento de verano
tan imprevistos, tan llenos de optimismo,
cegados ante la locura de conocer nuestros lados,
ignorantes del vaivén de los temibles vientos.

Fuimos flor en plena primavera,
soñando por siempre que un verde nuevo estaría con nosotros,
rodeados de nuestro arcoiris
sin preveer que las hojas marchitaron pronto
cayendo en la vereda. 




Helena H.

sábado, 15 de febrero de 2020

Yo no le tengo miedo a la muerte

Yo nunca me río
de la muerte.
Simplemente
sucede que
no tengo
miedo
de
morir
entre
pájaros y arboles

Yo no me río de la muerte.
Pero a veces tengo sed
y pido un poco de vida,
a veces tengo sed y pregunto
diariamente, y como siempre
sucede que no hallo respuestas
sino una carcajada profunda
y negra. Ya lo dije, nunca
suelo reir de la muerte,
pero sí conozco su blanco
rostro, su tétrica vestimenta.

Yo no me río de la muerte.
Sin embargo, conozco su
blanca casa, conozco su
blanca vestimenta, conozco
su humedad y su silencio.

Claro está, la muerte no
me ha visitado todavía,
y Uds. preguntarán: ¿qué
conoces? No conozco nada.
Es cierto también eso.
Empero, sé que al llegar
ella yo estaré esperando,
yo estaré esperando de pie
o tal vez desayunando.
La miraré blandamente
(no se vaya a asustar)
y como jamás he reído
de su túnica, la acompañaré,
solitario y solitario.


Javier Heraud

jueves, 13 de febrero de 2020

Lo que retumba mi mente

Fue en la tarde cuando empecé a quererte. Salía a la calle con una sonrisa en el rostro después de recordar todo lo conversado y como un flashback, así, algo fugaz, Melgar me decía que yo ya no era dueña de mi, sino del amor mismo.

Y pude darme a ese amor, sin reparos a perder.


lunes, 10 de febrero de 2020

Sin deudas

Hoy mi noche se viste de ansiedad,
de lóbregos recuerdos, de oscuros miedos..

Pero que pecado he cometido 
más que amar a quien yo quería?
Yo ame, y lo amé, sabes...
No solo lo pude ver como anhelante deseo 
sino que también sentí su piel, 
saboreé sus labios y el me impregnó de ásperas caricias también, 
tuve su cuerpo desde el primer momento que los dos lo quisimos, 
sin ataduras, sin compromisos, 
conocí su calor, 
me refresque en su aliento 
y gocé de sus palabras 
y por corto espacio se alojó en mi corazón 
y yo en el suyo.
No me juzgues por amar, cariño, 
no es un pecado querer con ansias..
recuerda que querer lo prohibido gana más 
y en mi la llama estaba encendida.
Bien lo sabes que a ti pude entregar mi amor en su momento 
pero que las cosas no bien encaminadas llevan al fracaso.



-Émile-